Verdadera definición del amor biblia

La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

2020.05.20 08:04 Neobiblismo La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

La persona de Jesucristo posibilita un ejemplo y modelo de vida para sus seguidores, especialmente en la práctica como Discípulos, debido a la combinación de la enseñanza con el ejercicio de sus hechos o vivencias.
1) El conocimiento e inteligencia esencial de la persona.
Las relaciones humanas como disciplina además de estudiar las actitudes, actividades e interrelaciones resultantes del trato entre personas, estudian el comportamiento y conducta, tanto del individuo como de la colectividad de los diversos grupos sociales. Entre sus elementos y valores están, la cortesía, equidad, humildad, integridad, lealtad, respeto y solidaridad. Esto es equivalente a los principios, valores y virtudes propuestos por Dios en su palabra, transmitidos y vividos por Jesucristo con el ejemplo de vida. Este conocimiento e inteligencia es esencial para la relación y convivio de las personas en armonía y comunión personal y social. Por ejemplo, la honradez es un principio de vida o una regla de la vida, porque el ser humano requiere limitaciones y regulaciones para una mejor convivencia. Las normas como reglas establecidas por los humanos, son definidas por una legislación acorde a la zona geográfica mundial y según sus costumbres y cultura. Además influenciadas por las corrientes de pensamiento conservadores o liberales. Algunas normas o reglas son de acatamiento obligatorio cultural, étnico, legal o social. La presunción de la norma es la de establecer en buen orden, pero este hacer normal, implica el riesgo de normalizar acciones o actos contrarios a la voluntad de Dios.
El control de las acciones de nuestro pensamiento está en función de conocernos a nosotros mismos: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos á Jehová” (Lamentaciones 3.40 – RVR1909). Escudriñar nuestro camino, es averiguar y examinar con cuidado y detenimiento nuestros pasos en el caminar de la vida: “Consideré mis caminos, Y torné mis pies á tus testimonios. Apresuréme, y no me retardé En guardar tus mandamientos” (Salmos 119.59 al 60 – RVR1909). Las decisiones del presente influyen en las consecuencias del futuro: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3.5 al 7 – RVR1909). Las decisiones determinan la acción y reacción de nuestra vida: “Encomienda a Jehová tu camino, Y espera en él; y él hará. Y exhibirá tu justicia como la luz, Y tus derechos como el medio día. Calla á Jehová, y espera en él: No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. Déjate de la ira, y depón el enojo: No te excites en manera alguna á hacer lo malo” (Salmos 37.5 al 8 – RVR1909).
Dios establece a su Hijo Jesucristo como referente para comparar nuestro caminar: “Examinaos á vosotros mismos si estáis en fe; probaos á vosotros mismos. ¿No os conocéis á vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados” (2 Corintios 13.5 – RVR1909). El ejemplo y modelo de vida se fundamenta en las enseñanzas y mensaje de Jesucristo. El ser humano es un ser integral, el resultado de su formación de carácter y personalidad, está en función de su dependencia de tomar en cuenta a Jesucristo para sus decisiones. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8.32 – RVR1909). Jesucristo mismo es la verdad establecida por Dios Padre, para que el ser humano tenga un camino a seguir, siga su discipulado y sus pasos, a manera de un Prototipo, en el sentido de ejemplo y modelo más perfecto. Practicar las obras de Jesucristo hace libre a la persona, se adquiere la moderación y orientación para la forma de comportarse o conducirse en la vida hacia lo que es cierto, o sea, en dirección de encontrar o hallar con seguridad la verdad de Jesucristo. Esto se manifiesta mediante el control o moderación de la dureza o flexibilidad del temperamento: “El que tarde se aira, es grande de entendimiento: Mas el corto de espíritu engrandece el desatino” (Proverbios 14.29 – RVR1909). En relación con la intención de la persona, así es su atino o desatino en dar en el punto de descubrir a Jesucristo como el conocimiento proveniente de Dios: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.29 – RVR1909).
Se dice acerca de la empatía como la capacidad de comprender y entender las emociones y sentimientos de los demás, mediante un proceso de identificación con cada persona. Así es la comunión y relación con Jesucristo, en este caso viene a ser un tipo de empatía espiritual, cuando al caminar se hace con las sandalias de Jesucristo, con la misma percepción y visión del Maestro por Excelencia. Ser y tener la libertad cognoscitiva de Jesucristo consiste en ser libre de la práctica del pecado, libre del desenfreno en el comportamiento y la conducta. Es la libertad de la verdadera justicia y rectitud mostrada por Jesucristo en la vida cotidiana. Jesús dijo: “Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más” (Juan 8.10 al 11 – RVR1909). Antes de Jesucristo éramos pecadores, después de Jesucristo el pecado jamás prevalecerá: “Pues que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también estad armados del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, cesó de pecado; Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias de los hombres, sino á la voluntad de Dios” (1 Pedro 4.1 al 2 – RVR1909).
Jesucristo vence el pecado como ser humano para establecer un legado y precedente, de manera que también el ser humano, a pesar de su humanidad puede empoderarse del Espíritu Santo contra el pecado: “Enséñame á hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Salmos 143.10 – RVR1909). Las concupiscencias del ser humano, se fomenta con los apetitos y deseos desordenados de placeres deshonestos y terrenales, para satisfacer los caprichos, gustos, ostentaciones, preferencias, seducciones y tentaciones, sublevados socialmente contra la voluntad de Dios: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada” (1 Corintios 6.12 – RVR1909). Ante Dios hay inconveniencia en condiciones y prácticas aceptadas como lícitas socialmente: “Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica” (1 Corintios 10.23 – RVR1909). Aquí es donde la conveniencia para edificación requiere de carácter y personalidad para resistir el mal y hacer el bien, el ser de forma integral necesita principios y valores enfocados en Jesucristo, que sean envolventes y vinculantes en sus propias actitudes, ánimo, características, cualidades, emociones, habilidades, hábitos, intenciones, motivaciones, opiniones, sentimientos, servicio y voluntad. Esto define e identifica a un genuino y verdadero discípulo, predispuesto para una excelente reacción de comportamiento y conducta, según el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo: “Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.2 – RVR1909).
Entre los principios y valores está la resiliencia considerada como la capacidad de resistir y superar la adversidad, además de la adaptación a las circunstancias difíciles. También la convivencia social con inteligencia, o sea, una vida inteligente, en el sentido integral de las capacidades y comportamientos actitudinales, emocionales y sociales, tanto colectivamente como individual. A manera de una inteligencia individual en función de la inteligencia colectiva. La Biblia dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad” (1 Corintios 13.13 – RVR1909). Jesucristo representa la energía pura del amor y caridad: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13.35 – RVR1909). Este amor es un ingrediente incluido en los principios y valores como el amor de Dios, caridad, compasión, comprensión, consagración, consideración, cooperación, cortesía, empatía, equidad, esperanza, fe, humildad, integridad, justicia, lealtad, mansedumbre, misericordia, paciencia, paz, respeto, santidad y solidaridad. Mediante Jesucristo se logra una verdadera libertad de conocimiento, entendimiento e inteligencia: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez á ser presos en el yugo de servidumbre” (Gálatas 5.1 – RVR1909). Este yugo de esclavitud o servidumbre representa la ignorancia e imposibilidad de reconocer el desconocimiento, especialmente de los principios y valores representados en Jesucristo. Este tipo de prisión se refiere a la ceguera espiritual: “Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15.14 – RVR1909).
Las relaciones humanas están afectadas por los conflictos humanos, su conexión o interrelación de correspondencia está alterada por las relaciones adictivas, agresivas, dependientes, desconfiadas, despreciativas, frustradas, inseguras, irritables, mezquinas, nocivas, prepotentes y tóxicas. Desde el principio Caín mata a su hermano Abel. La siguiente respuesta de Caín, refleja su actitud, carácter y personalidad: “Y Jehová dijo á Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano?” (Génesis 4.9 – RVR1909). ¿Por qué mata Caín a su hermano Abel? La Biblia dice: “Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros. No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3.11 al 12 – RVR1909). ¿Cuáles son las obras de Jesucristo que el ser humano requiere? La Biblia dice: “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención. Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.29 al 32 – RVR1909).
Dios se desagrada de la personalidad de Caín: “Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo á Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué se ha inmutado tu rostro? Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado?…, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4.5 al 7 – RVR1909). Así es la vida, cuando se viaja en un automóvil, el conductor tiene el compromiso práctico y responsable de conducir a la defensiva. Esto significa la imperante necesidad de prevenir accidentes, cuando se conduce con la prioridad de una buena actitud, calma y cortesía, para estar alertas y atentos, observar y prever las acciones y movimientos de los demás conductores. En la vida es indispensable para una mejor convivencia, los principios, valores y virtudes, especialmente por causa de las normas en la regulación del comportamiento y la conducta del ser humano. Vivir a la defensiva, es vivir con autoconocimiento y atemperación, en lo que llaman las habilidades blandas. El conocimiento de sí mismo para superación, es alcanzar la conciencia de sus propios impulsos, con la consecuencia de mejorar su actuación y facilitar el llevarse bien con los demás. Esto implica la capacidad de suavizar las emociones y sentimientos para ser mejor persona, la aptitud de acomodar, adaptar, ajustar y arreglar las destrezas y habilidades propias, en función de una adecuada relación interpersonal o social, hasta lograr la excelencia en la convivencia con el prójimo y trascender a la espiritualidad de Jesucristo.
En relación con lo que llaman habilidades blandas, la expresión, palabra o término “blandas”, hace alusión a ser apacible o dócil, de carácter agradable, amable, dulce, suave y tranquilo. En cierta ocasión Esteban, el diácono, evangelista y primer mártir, menciona lo siguiente: “Duros de cerviz, é incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros” (Hechos 7.51 – RVR1909). La Biblia hace referencia a dureza en relación con la cerviz y el corazón. El profeta Ezequiel explica lo siguiente: “Y díjome: Hijo del hombre, yo te envío á los hijos de Israel, á gentes rebeldes que se rebelaron contra mí: ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo pues te envío á hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová. Acaso ellos escuchen; y si no escucharen, (porque son una rebelde familia,) siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ezequiel 2.3 al 5 – RVR1909). Las habilidades blandas son las aptitudes y capacidades dispuestas para la humildad y mansedumbre según la propuesta de Jesucristo: “… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…” (Mateo 11.29 – RVR1909). Esto posibilita ciertas características y cualidades en los rasgos del carácter y la personalidad, a la vez la factibilidad de la adquisición de principios, valores y virtudes esenciales promovidos por Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida cotidiana. Finalmente mediante la experiencia y práctica constante, se demuestra las habilidades blandas a través del comportamiento, la conducta, la relación y trato hacia los demás.
La capacidad de saber escuchar con la debida atención para obedecer, es semejante a la comparación de bajar y doblar la cerviz o nuca (parte dorsal del cuello). La dureza de cerviz está más asociada a la altivez, engreimiento, prepotencia, soberbia y vanidad. También la dureza de corazón tiene cierta relación con la inflexibilidad del temperamento, la duda e indecisión al obedecer a Dios Padre, tal es el caso de cierto rey: “Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria” (Daniel 5.20 – RVR1909). La definición acerca de competencias o habilidades blandas o suaves, es de un tiempo más reciente, pero lo que se trata de explicar con esta definición ha existido desde que existe el ser humano. Igualmente en la actualidad se le denomina como inteligencia emocional e inteligencia social, cierto comportamiento y conducta que siempre ha existido. Desde el relato de Adán y Eva se ha manifestado la importancia del compromiso y responsabilidad de nuestros actos, las causas y su efecto, las consecuencias de nuestras acciones y las reacciones. La palabra de Dios ha enseñado y promovido los principios, valores y virtudes para una convivencia entre seres humanos. Este aprendizaje es útil en el centro de formación educativa, desde el punto de vista comunitario, en la organización laboral, núcleo familiar y demás entornos o factores externos de cada persona en el diario vivir. Desde la niñez es necesario este tipo de instrucción, para cuando se llegue a la juventud o adultez no se aparte de estos principios y valores: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22.6 – RVR1909).
La temática del trabajo en equipo fue demostrada por Jesucristo al establecer un grupo de discipulado, durante tres años y seis meses imparte su enseñanza y mensaje como Maestro y Mentor al grupo. Luego una vez capacitados los envía en grupos de dos discípulos, con la misión de llevar las buenas nuevas de salvación, la evangelización y predicación de los valores del reino de Dios. Obsérvese en el siguiente pasaje, que algunos de sus discípulos son iletrados en términos académicos, pero se reconoce el aprendizaje del conocimiento transmitido por Jesucristo: “Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4.13 – RVR1909). Los discípulos tienen la motivación suficiente para desempeñar su misión, además del amor y don de servicio, la capacidad de enfrentar la adversidad y de mantener su enfoque en lo importante que es Cristo. Las habilidades de idoneidad, con buena aptitud, disposición y suficiencia, en la Biblia son llamadas muchas veces como dones o talentos, por ejemplo el siguiente pasaje: “De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme á la medida de la fe; ó si ministerio, en servir; ó el que enseña, en doctrina; El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12.6 al 8 – RVR1909).
Jesucristo es la autoridad determinada por Dios Padre para transmitir formalmente y oficialmente el conocimiento celestial. Esta transmisión de conocimiento es una comunicación entre el Padre y el ser humano mediante Jesucristo: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). El conocimiento celestial implica la inteligencia de la acción efectiva de comprender y entender cómo administrar y ejercer el conocimiento esencial de la vida de forma práctica. Lo emotivo es la sensibilidad a las emociones, lo sensual se refiere a las sensaciones de los sentidos, tanto lo emotivo como lo sensual y todo lo relacionado con las emociones y sentimientos requiere de la inteligencia, para reconocimiento de sí mismo y comprensión de las emociones y sentimientos de los demás. La Biblia dice: “… Amarás á tu prójimo como á ti mismo...” (Marcos 12.31 – RVR1909). A nivel de actitud, emoción y sentimiento, se requiere comprender y entender al prójimo como se comprende y entiende la persona así mismo. La inteligencia consiste en la facultad y virtud de entender y comprender su propio ánimo e intención, la introspección (relacionado con nuestro modo de pensar y sentir), para la determinación de la voluntad hacia un determinado fin, con la cautela al actuar y hablar en su interacción respetuosa con otras personas. Ayudado tanto por las habilidades y hábitos del propio carácter y personalidad. En otras palabras, la inteligencia es el manejo de la información contenida en el conocimiento, es la aplicación o ejecución del aprovechamiento y utilidad de este tipo de conocimiento, en la convivencia cotidiana con los demás.
La desventaja del ser humano estriba en el punto de vista ciego, que es la privación de ciertas percepciones actitudinales, donde la persona es inconsciente de su comportamiento o conducta, pero las demás personas a su alrededor observan y perciben dicha situación: “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Isaías 5.20 al 21 – RVR1909). Algunos factores perjudiciales en el punto de vista ciego, están la apatía, conformismo, despreocupación, ignorancia, indecisión, indiferencia y negligencia. Se requiere un análisis detenido y minucioso, conocimiento de la realidad personal, meditación y razonamiento, para lograr un equilibrio en lo emocional, espiritual, físico, intelectual y social. La Biblia dice: “… Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares…” (Génesis 19.17 – RVR1909). Este escape por la vida se posibilita con las autonomías de la persona, mediante Jesucristo en la relación íntima y personal con Dios: “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí” (Juan 6.45 – RVR1909). Las autonomías de la persona son las siguientes:
_ Autoconcepto.
_ Autoconciencia.
_ Autoconfianza.
_ Autoconocimiento.
_ Autocontrol.
_ Autocrítica.
_ Autoestima.
_ Autoevaluación.
_ Automotivación.
_ Autopercepción.
_ Autorrealización.
_ Autorreflexión.
_ Autorregulación.
_ Autorrenovación.
_ Autosuperación.
_ Autotrascendencia.
Esta autonomía de escapar por la propia vida, sin mirar atrás y sin detenerse, es necesaria para conocerse a sí mismo, realizar un análisis de sí, evaluar sus propias aptitudes y conocimientos, valorarse con el aprecio y consideración que se tiene de sí mismo, examinarse a uno mismo, diagnosticar y evaluar para mejorar, impulsarse y motivarse para una realización a plenitud en todos las expectativas, objetivos, metas, planes y proyectos. Además de meditar y reflexionar acerca de sí mismo, en relación con los puntos débiles y fuertes, para superación consciente, según el razonamiento de las opciones y oportunidades. El adquirir la capacidad de control y dominio sobre uno mismo, del cumplimiento de la misión y visión personal frente al entorno de la realidad. Acerca de esta autonomía personal, la Biblia dice lo siguiente: “De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí” (Romanos 14.12 – RVR1909). Cada persona tiene que asumir su propio compromiso y responsabilidad, nadie rendirá cuentas por uno ante Dios Padre y el Señor Jesucristo. Por esta razón, cada quien tiene que preocuparse por su propia vida, perseverar hasta el fin, persistir con constancia en mejorar como persona para ser del agrado de Dios.
Ninguno podrá alegar desconocimiento: “… aun sin hacerlo á sabiendas, es culpable, y llevará su pecado” (Levíticos 5.17 – RVR1909). Tampoco ninguno tiene potestad de culpar a otro por sus propios actos: “… cada uno morirá por su pecado” (Deuteronomio 24.16 – RVR1909). Cada quien será responsable de sus acciones: “Si fueres sabio, para ti lo serás: Mas si fueres escarnecedor, pagarás tú solo” (Proverbios 9.12 – RVR1909). Nuestras conversaciones, opiniones y palabras se tomarán en cuenta ante Dios: “Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12.36 al 37 – RVR1909). Esto es común en nuestro tiempo, cuando en las redes sociales se desenfrena la crítica destructiva y voraz, se vuelve una anarquía o desorden incontrolado de las emociones y sentimientos, tanto en lo verbal como en lo visual: “Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5.28 – RVR1909). Esto aplica tanto en hombres como en mujeres, cuando se presentan fotos o imágenes con desnudez insinuante y provocativa, dañina, impropia e inconveniente, con gestos de exhibicionismo de contenido erótico y sexual.
Estos casos mencionados en el párrafo anterior, conforme a la teoría de la actitud, cuando el ser humano presenta una predisposición de reacción, ya sea negativa o positiva, ante determinadas situaciones de su entorno, según el resultado del comportamiento y conducta, se presentan las actitudes definidas de acuerdo con las consecuencias de sus acciones. Por esta razón las actitudes podrían ser agresivas, asertivas, denigrantes, desacertadas, ofensivas, entre otros. En el caso denigrante es cuando se desacredita con insultos y juzgamiento despectivo. Continuando con la teoría, hay un problema de comunicación con varios de los factores mentales, donde se imposibilita la aceptación o entendimiento claro del mensaje, por causa de los complejos, orgullo, miedos, preconceptos, prejuicios, prepotencia, soberbia, temores, timidez, entre otros. Es necesario apropiar los principios y valores como personales, sin embargo, el fundamento de tener los valores primero que los sentimientos, a tal grado de menospreciar las emociones y sentimientos como sin importancia ni valor, está en contra del equilibro integral propio de la composición del ser humano. Equilibrar las características y cualidades proactivas y reactivas, es congruente e integral al ser, en relación con las actitudes, deseos, emociones, habilidades, hábitos, intereses, pensamientos, sentimientos y voluntades. Sumado al resultado del comportamiento y la conducta.
El equilibrio consiste en que tanto nuestra área corporal de influencia proactiva, en la anticipación a los acontecimientos, junto con nuestra área reactiva, de reacción estimulada por lo emocional o sentimental, sean dirigidas hacia el control de Jesucristo y mediante su guía se nos posibilite tomar las mejores decisiones, con las previsiones del caso para prevenir consecuencias presentes y futuras. Esto se logra plenamente si somos verdaderos discípulos de Jesucristo, con su ayuda podemos adquirir el carácter y personalidad de los discípulos, así equilibrar los impulsos con los principios, valores y virtudes transmitidos por Jesucristo. De manera que se tiene la comunicación e información suficiente para deliberar y razonar previamente, antes de actuar o tomar decisiones precipitadas e impulsivas. En este caso como se dice, los principios fluyen de adentro hacia afuera, con una interdependencia recíproca con otras personas para evitar agredir u ofender a otros. Jesucristo enseña: “Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias” (Mateo 15.18 al 19 – RVR1909). En este sentido los Salmos indican lo siguiente: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud;” (Salmos 51.10 al 12 – RVR1909).
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2020.05.20 06:42 Neobiblismo La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

12) La virtud: los principios y valores.
La virtud es Jesucristo mismo, porque el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo representa la virtud, así como lo dispuso Dios Padre: “… para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2.9 – RVR1909). Se dice que la virtud es el poder o potestad de actuar con rectitud, además de la fuerza necesaria para provocar inevitablemente un efecto eficaz, que conserva o restablece un bienestar integral, la paz y serenidad espiritual, por consiguiente el sosiego corporal y mental. La virtud es la disponibilidad habitual y voluntaria de actuar conforme a los principios y valores, que son de gran valor y vigor para la convivencia cotidiana entre seres humanos. Jesucristo es la virtud como guía, referencia o regla para la conducta y comportamiento. La sociedad en general asume como propios la autoría, definición y legislación de los principios y valores, pero en realidad el Autor de los principios y valores es Dios Padre, el Creador de todo lo existente, manifestado mediante su Hijo. Se advierte que el siguiente análisis es fuerte, porque las Sagradas Escrituras dicen: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado; que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR1909).
Para iniciar hay un pasaje mencionado por Jesucristo, donde se entremezcla conceptualmente y se resume con acierto la realidad eclesiástica de toda su historia, tanto antigua, colonial, medieval y primitiva, como contemporánea. El común histórico es el credo religioso y el conjunto de integrantes que lo profesan. La vida histórica de la iglesia ha lidiado paralelamente con la sociedad civil no confesional. El pasaje es algo extenso, pero su transcripción es fundamental, para captar integralmente la idea transmitida por el texto y la interpretación que hacemos en el contexto actual. El pasaje inicia con el texto a continuación: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 6.13 al 14 – RVR1909). En este pasaje Jesucristo nos invita a entrar por la puerta estrecha, pero resulta que él mismo es la puerta como en otra ocasión manifiesta: “Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo…” (Juan 10.9 – RVR1909).
Somos parte del mundo, y vivimos en un mismo planeta, donde no podemos vivir aislados de una sociedad corrupta y descompuesta en todos sus ámbitos, justificada con el pretexto del status social y la supervivencia, la sociedad se ha descarrilado de la verdad de Cristo, se ha desviado del camino y desbocado con ceguera, guiando a las masas humanas cegadas hacia el precipicio, por ejemplo, mediante la dominación histórica, el expansionismo ideológico y territorial, la explotación y robo de la riqueza local o nativa de los pueblos, las guerras genocidas y masacres humanas. El equivalente a la trata de personas, al lucro y la usura en perjuicio de los más desposeídos. Los principios y valores que llevan a la vida eterna son los de Jesucristo, por este motivo ante Dios el Padre, solo Jesucristo basta y sobra, es el camino, la verdad y la vida. Las prácticas injustas del mismo ser humano ocasiona la generación de ocupaciones deshonestas, por falta de una distribución de la riqueza de forma más equitativa y las oportunidades de fuentes de trabajos dignos y honrados.
A continuación con el pasaje en análisis se dice: “Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces” (Mateo 7.15 – RVR1909). El sistema eclesiástico y religioso, debido al crecimiento de la iglesia y la imperante necesidad de regular sus actividades, implementa e impone reglas internas de la iglesia, basadas en creencias, dogmas, estatutos y toda la legislación eclesiástica. Esto es el fraccionamiento cristiano, llámese congregación, denominación, iglesia o religión, que han opacado a Jesucristo con sus propias listas de enseñanzas para alcanzar la salvación, enseñanzas basadas en meras interpretaciones y teorías, determinadas e identificadas para su propio grupo como únicas y verdaderas. Esto sucede a nivel grupal e institucional, porque la organización en sí sustituye la infalibilidad, preeminencia y supremacía de Jesucristo. Se deposita la confianza en un líder o jerarquía de líderes, quienes toman las decisiones y reemplazan el sentido de la vida de Jesucristo. Aún sus líderes tienen una gran oratoria y convencimiento para arrastrar e impresionar a las masas humanas, pero de ninguna manera reflejan o representan el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo.
El interés de estos líderes es el crecimiento del volumen de miembros integrantes de su respectivo grupo eclesiástico, en lugar del servicio fiel a Cristo, es la oportunidad de ver la iglesia como un negocio familiar o personal, como fuente de trabajo y subsistencia asalariada, económica, financiera y presupuestaria. Abunda la capacidad de inventar creencias que remplazan a Cristo en su importancia, prioridad y único medio de salvación y vida eterna establecido por Dios Padre. Esto refuerza la dependencia absoluta a las directrices eclesiásticas para alcanzar dicha salvación. Aunque la Biblia dice acerca de Jesucristo: “Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12 – RVR1909). Se mantiene a los asistentes a la iglesia, congregados o feligreses de manera cautiva, con la creencia de que están en una organización indispensable y única para recibir la salvación y vida eterna. Se vuelven obreros ilegítimos, solamente por amor al dinero y sin vocación de fidelidad y servicio a Jesús, llegan a ser seudo-cristianos pero de ninguna manera discípulos auténticos de Jesucristo. Su misión es formar la iglesia con la prioridad de la institucionalización, en el sentido de la actividad económica y de socialización, durante un tiempo establecido y específico de liturgia y de reunión, una o más veces por semana, antes de la armonía y comunión como una forma de vida en comunidad de fe en el diario vivir, específicamente en el bien común y la ayuda solidaria al más necesitado todos los días de la semana, tanto en lo espiritual como en lo material. Basta analizar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, para hacer conciencia de la acción de Jesucristo, su enseñanza, mensaje, parábolas, consolidado y respaldado en la práctica y vivencia de sus hechos.
Si Jesucristo es nuestra referencia, es la razón de ser de todo lo existente, es la cabeza de la iglesia, es la medida o regla que nos une en una misma creencia, es la sana doctrina, es el maestro o mentor y nosotros el discipulado, es el estándar o vínculo común para todos, entonces, ¿por qué cada día se fundan y surgen nuevas iglesias de denominaciones con creencias muy diferentes entre sí? Seguidamente el pasaje en estudio menciona: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16 al 20 – RVR1909). Los frutos son el resultado o la evidencia de un verdadero arrepentimiento, conversión y resarcimiento. Se insta como requisito el ser una persona templo del Espíritu Santo, pues resulta que los frutos del Espíritu son los principios y valores de la caridad, el gozo, la paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5.22 al 23).
La Biblia dice: “Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1.8 al 9 – RVR1909). A esto se suma el amor, compasión, esperanza, fe, justicia, paciencia, misericordia y demás características o cualidades demostradas por Jesucristo. Por ejemplo, la Biblia dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14 – RVR1909). Cada una de estas palabras tiene un gran significado, y su aplicación es muy amplia en todas las áreas de nuestra vida, por ejemplo, templanza quiere decir constancia, estabilidad, firmeza y dominio propio, tiene que ver con la altivez, el enojo, y la ira, es decir el dominio del carácter y el control posible del temperamento con la mediación de Jesucristo e intervención de Dios Padre: “Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.24 al 25 – RVR1909).
En relación con este análisis hay un pasaje que hace alusión a los principios y valores:
“Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad” (2 Pedro 1.2 al 7 – RVR1909).
¿Qué tiene que ver las virtudes, como los principios y valores, para la salvación y vida eterna? A esto le sumamos la idiosincrasia de la persona en su combinación de carácter y temperamento. En el caso del temperamento, el mismo es semejante a un chip biológico o circuito integrado biológico, que no cambia en todo el transcurso de la vida del ser humano, solamente por medio de la intervención de Dios para realizar un cambio, conocido como nacer de nuevo: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos á los otros” (Romanos 15.13 al 14 – RVR1909). El algoritmo viene a ser el arrepentimiento, conversión y resarcimiento de la vieja mentalidad del ser humano, reflejada en sus conductas y comportamientos a través del don del Espíritu Santo: “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…” (Efesios 1.17 al 19 – RVR1909).
Las virtudes como los principios y valores, tienen influencia sobre las actitudes, características, convivencia, costumbres, cualidades, cultura, educación, emociones, habilidades, hábitos, prácticas y sentimientos, adecuados para el diario vivir y que en su conjunto aportan la calidad de la espiritualidad de la persona. Esto atañe a las acciones y obra de Jesucristo en su ejemplo y modelo según su demostración y práctica durante su vida. El texto en análisis continúa con el siguiente pasaje: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7.21 al 23 – RVR1909).
Jesucristo representa una forma de vida, una relación de convivencia en armonía con Dios el Padre y con el prójimo, o sea, con las personas a nuestro alrededor. El ser humano al formar parte de un grupo eclesiástico o religioso, se rige por las creencias, doctrinas y dogmas establecidos en su respectiva organización, sea independiente o afiliada a una casa o sede matriz, sea una congregación o una denominación. Sin embargo, a pesar de estas circunstancias donde la persona se identifica como cristiano, es su compromiso primario ante Dios, el ser un discípulo de Jesucristo en la práctica del ejemplo y modelo de vida de Jesús, coherente y congruente a sus principios y valores con la cotidianidad, de lo contrario las personas se catalogan como hacedores de maldad desconocidas por Jesucristo.
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